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Patrona de Huelva, es una de las imágenes que mayor cúmulo de historias piadosas
reúnen a su alrededor de toda la tierra onubense. Se cuenta que hubo en la
ciudad un zapatero muy caritativo y piadoso que un día se vio aquejado por un
grave dolor e invocó a la Virgen en su auxilio, hallando en su mano al instante
una cinta que se aprestó a ceñirse para quedar curado de su mal. En
agradecimiento, encargó una pintura de la Virgen sosteniendo en su mano una
granada mientras el Niño Jesús portaba la cinta milagro- sa. Con la invasión
musulmana, la imagen fue escondida en el interior de un muro y no se supo más de
ella hasta que, mucho tiempo después, un pastor que cruzaba el campo se vio
perseguido por un toro que le obligó a encaramarse al muro para salvar su vida,
derrumbándose éste para descubrir el cuadro de la Virgen, ante el cual el toro
se postró mansamente. La leyenda quiere que, poco después, un onubense cautivo
en tierras berberiscas invocase a la Virgen de la Cinta, que conocía desde Niño,
para que le sacase de su prisión. El moro del que era esclavo el cristiano se
mofó de él, lo encerró en un arca cubierto de piedras y se sentó encima, y cuál
sería su sorpresa al encontrarse los dos en Huelva, junto a la Virgen de la
Cinta, a la que erigieron un Santuario tras convertirse el musulmán. El siglo
XVIII supone un nuevo auge en el culto de Nuestra Señora de la Cinta, dado que
en él el escultor Francisco Martínez Olivares realiza la imagen de la "Virgen
Chiquita", escultura basada en el cuadro y que es la coronada canónicamente como
Patrona de la ciudad y la que goza de un mayor fervor entre los onubenses. Se
venera en una capilla rococó dentro del Santuario cuyo altar mayor preside la
pintura, en el cerro del Conquero, en el corazón de Huelva. Su fiesta, con
procesión hasta la Catedral, es el 8 de septiembre. Nuestra Señora de la Cinta
es especialmente invocada por embarazadas y parturientas.
Texto:
Carlos Baragaño.
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